miércoles, 9 de marzo de 2016

JOB SHADOWING EN SICILIA (IV)

La enseñanza de la lengua materna en Italia.
 Manuel Balaguer Carmona

Durante el período de observación en el Liceo Elio Vitorini de Gela se asistió a las clases de lengua italiana de los dos últimos cursos.

Los liceos son centros de enseñanza secundaria enfocados a la preparación de alumnos que desean seguir estudios universitarios. Los alumnos cursan un total de cinco años académicos y finalizan la etapa aproximadamente a los diecinueve años. La carga lectiva de la lengua materna en los liceos es de cuatro sesiones de una hora a la semana.

La manera de dar clase no difiere mucho del modo en que se hace en aquí. El profesor actúa como guía, los alumnos participan –unos más, otros menos, otros nada…-, el libro de texto sirve de apoyo, se hace uso de la pizarra digital y de los medios audiovisuales… Sin embargo, hay dos aspectos diferentes que son dignos de mención.

En primer lugar, llama la atención el papel relevante de la lengua oral en las clases. Frente al sistema educativo español, en que las pruebas son siempre escritas, el sistema italiano prevé las pruebas orales para poder obtener la maturità, el diploma necesario para acceder a la universidad. Esto obliga a la práctica oral en el aula y, por ende, a la adquisición de las destrezas necesarias para expresarse verbalmente de manera correcta. El resultado salta a la vista: los muchachos tienen un vocabulario más que aceptable y, espontáneamente, estructuran sus discursos de manera coherente.

En segundo lugar resalta el enfoque dado a las clases. La materia está orientada a la lectura y el comentario de los textos. Tal como consta expresamente en la ley italiana, la enseñanza de la lengua la ley se habla también de reflexión metalingüística, pero como medio para enfrentarse mejor a textos complejos. Como consecuencia de ello, la parte dedicada a los conocimientos gramaticales es casi testimonial, al menos en los últimos cursos. Al final de los cinco años de liceo los alumnos son capaces de entender un texto y comentarlo de manera reflexiva, relacionando su contenido con otras obras o con la realidad en que viven. Eso es lo que se les pide en el examen de maturità
materna está dirigida a procurar el dominio del idioma y a su aprendizaje como instrumento de acceso al conocimiento; en

Queda como conclusión que mientras en Italia se trata de que los universitarios sepan comprender y expresarse, en España los estudios de lengua y literatura siguen dando un papel excesivo a la teoría. Aunque la ley española también hable de desarrollo de la competencia del alumnado, de proporcionar a los alumnos la capacidad de desenvolverse en cualquier situación, la realidad es otra. Las exigencias de las PAU hacen que las clases se llenen de contenidos lingüísticos. No hay más que echar una ojeada a los libros de 2º de bachiller para saber qué conocimientos se requieren para poder superar las pruebas. En el examen de Lengua de la selectividad los muchachos demuestran que saben qué es la modalización deóntica –algo necesario, sin duda-, qué es la deixis endofórica y exofórica –conocimiento esencial para la vida cotidiana, desde luego- o la isotopía léxica que, vamos, uno no sabe ya cómo es posible que alguien pueda vivir sin saber qué es. Tienen, además, una pregunta ¡teórica! de literatura, en la que pueden demostrar que son capaces de repetir como loros. O como papagayos, que siempre se puede elegir entre un pajarraco u otro. Aparte de ello, nuestros futuros universitarios distinguen con genial sutileza aquellos argumentos de contraste de ideas basados en un oxímoron de aquellos que se basan en una antítesis… pero muy pocos alumnos, y a pesar sus sólidos conocimientos sobre la argumentación, sabrán dar las razones por las que les gusta tanto la pelirroja del pupitre de al lado o el chico del tupé imposible. Tampoco sabrán reconocer en los versos de Bécquer las mismas cursilerías que sienten ellos mismos, ni sabrán ver en los poemas de Ausiàs March o de Quevedo que, antes que ellos, alguien ya había pensado que el amor vencería a la muerte; y lo que es peor, serán incapaces de expresar qué sienten cuando, por fin, se les desgarre el alma cuando se besen: “mola”, dirán. Como mucho.





 

2 comentarios:

  1. La verdad es que en nuestro sistema educativo urge que los alumnos de Secundaria mejoren su expresión oral y escrita. Algo de lo que todos los profesores, sea la materia que sea, como los responsables de la política educativa deberíamos tomar concienca.

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  2. La verdad es que en nuestro sistema educativo urge que los alumnos de Secundaria mejoren su expresión oral y escrita. Algo de lo que todos los profesores, sea la materia que sea, como los responsables de la política educativa deberíamos tomar concienca.

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